«Los Altos de Elorriaga: hallazgo de un pozo de letrina y su descripción»
El informe titulado «Los Altos de Elorriaga: hallazgo de un pozo de letrina y su descripción», realizado por Guillermo Páez y Daniel Schávelzon, ha sido preparado para el Centro de Arqueología Urbana (FADU – UBA]). La fotografía que se acompaña dela Casa de Elorriaga (o Los Altos de Elorriaga) es cortesía del Museo de la Ciudad.
Durante el año 2005 se produjo un hundimiento en la llamada casa de Elorriaga, o Altos de Elorriaga, ubicada en la esquina de Defensa y Alsina. Un llamado del Museo de la Ciudad nos permitió limpiar el lugar e interpretar el hallazgo, y dejarlo en condiciones para su posterior restauración. La casa en ese momento estaba aun en estado de casi abandono, aunque protegida por el Museo, en espera de obras que permitan finalmente abrirla a la comunidad.
El pozo era particularmente interesante: típico del siglo XVIII, época en que se hizo la casa como redituante (alquiler) de los Jesuitas, sobrevivió a los grandes cambios que le introdujeron en el inicio del siglo XIX. Y además de estar entero, estaba vacío, es decir al clausurarlo, seguramente hacia 1890, no lo rellenaron de escombro si no que se usó un simple sistema de hacer una bovedilla de ladrillo que lo cerrara, supuestamente para siempre.

Los Altos de Elorriaga (gentileza del Museo de la Ciudad)
La casa es una esquina sin ochava, que conserva bien sus intervenciones de 1808, si es que esa fecha es segura para Elorriaga y sus obras, conserva su mirador y la prestancia de estas viviendas de alcurnia cercanas a la Plaza de Mayo. La planta baja estaba destinada al comercio mientras que el primer piso era la residencia, con su gran patio central.
El pozo encontrado es una típica letrina de su tiempo: un pozo cuadrado de una vara de ancho, que aun tiene poco más de siete metros libres de profundidad –al fondo están los restos de mampostería derrumbados-, 1.70 metros de paredes de ladrillo en la parte superior y una bóveda que permitía colocar el asiento, con un espacio abierto atrás para el descenso de la materias desechadas. Hay muy pocos ejemplos de Buenos Aires similares y ninguno en tan buen estado. Quedan las evidencias de su bovedilla de clausura del siglo XIX y un tirante de madera dura aun en su lugar. Un albañal de boca rectangular llevaba también las aguas servidas al pozo.
Debido al poco tiempo disponible se hizo el plano que acompaña este informe para que en su momento sea factible su restauración.